¿A QUÉ LE TIENES MIEDO HOY?
¿Acaso a que te señalen por no tener un "don especial"? ¿O a no haber encontrado aún a alguien que te admire tanto como para entrelazar su vida con la tuya? Quizá temes no haber acumulado suficientes bienes materiales, o te pesa el cronograma que el mundo le ha impuesto a tu edad.
Temes que tus padres partan antes de tiempo o que llegue ese desastre sin previo aviso. Temes, sobre todo, no sentirte digno de Él.
¿Qué voces has escuchado hoy? ¿Qué te hizo creer que vas tarde? ¿Por qué atacaste a tu versión más joven por "no aprovechar el tiempo"?
Sientes que para los demás todo es más simple, que sus oportunidades son mejores. Y lo peor: llegaste a pensar que, por el simple hecho de ser tú, la vida te puso en pausa. Creíste que la apariencia no bastaba. Pero escucha: todos, de una u otra forma, nos hemos sentido así.
Cuando la cabeza hable de más, hay que frenarla. Si el pensamiento se vuelve hiriente y sin argumentos —o incluso si cree tenerlos—, recuerda: tu vida no termina aquí. Este no es el fin; es solo un fragmento de tu historia.
Te recuerdo que Él está ahí.
Cierra la puerta, recuéstate y escucha tu propia voz. Quizá ahora mismo solo estás reproduciendo voces ajenas. Cuando pase la tempestad, recuérdate esto: tras una escucha sincera, solo tú sabes lo que realmente necesitas y lo que te hace bien.
No te culpes por sentir lo que sientes. Si aún debes mirar de frente al pasado, hazlo, aunque ese fantasma te persiga y aparezca cuando menos lo esperas. Créeme, no estás perdiendo; estás viviendo. Lo importante es silenciar el ruido externo y dejar que tu "yo" hable.
Ahí sabrás qué hacer. Sigue, no estás perdiendo.
04/05/2026
8:49 PM
miyomehabla.com