UNA CARTA DIVINA PARA TI
Muchas veces he sentido que tu voz me habla, aunque sea yo misma quien balbucea las palabras; aun así, las siento tan tuyas. Este es el eco de su voz:
“Piensas que a nadie le importas, que no existe un ser humano capaz de entender cómo te sientes. Pero te digo: es mentira. Te estás olvidando de mí. Yo te amo, y este amor no está sujeto a acuerdos ni juramentos; simplemente elijo amarte. Estoy contigo siempre, aunque a veces te inquiete mi silencio.
Durante años te he repetido que eres parte de mi creación más divina. Conozco cada rincón de tu alma. No intentes justificar lo vivido; no te lo pido, pues lo comprendo todo.
Has olvidado las palabras que te susurré cuando llegaste al mundo: yo te elegí primero. He sido tu sombra en el camino y lo seré hasta el final.
Te espero en silencio, bajo la sombra del árbol frondoso, en esa banca vacía que es el lugar de nuestra cita perfecta. Ve allí cuando necesites sentirme de verdad.
No cuestiono el trayecto que elegiste para volver a mí; mi divinidad no me lo permite. Ven. Estaré siempre. Soy la cura, la fuente y la roca. Soy tu Dios».
Mi respuesta: Agradezco que me hables con esa certeza. Quiero ir a ti sin el llanto del miedo; acudir sabiendo que eres capaz de dar vista al ciego, resucitar a los muertos y saciar a las multitudes... y sabiendo, sobre todo, que no me debes nada.
Hablar contigo me devuelve la fuerza. Sé que me darás exactamente lo que necesito.
19/04/2026
9:13 PM
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