"HOLA, ESTOY AQUÍ Y NO PIENSO IRME."

 

Quiero empezar por presentarme, aunque me resulte un reto. Tengo ganas de salir corriendo, pero me quedo. Pero ¿Qué sentido tiene presentarme ante alguien que me conoce desde siempre?

Nuestro primer acercamiento fue así: en ese cuarto oscuro, al borde de mi cama, cuando la incertidumbre se apoderó de mí. Llena de miedo, doblé las rodillas y supliqué: "Por favor, no permitas que ocurra lo que tanto temo". Pero ocurrió. No recuerdo haberte buscado inmediatamente después de aquello.

En la puerta principal de la casa mi madre colgaba una imagen tuya. Nadie de esta generación te ha visto, pero te retrataron con toda la nobleza posible: ahí cargabas una oveja en tus brazos. Escuché tu nombre desde que tengo uso de razón y repetía las palabras que mis abuelos decían en tu honor, pero mi corazón seguía lejos.

En aquel tiempo, en mis cuadernos guardaban mis días más sombríos. Yo era la que observaba a los demás a escondidas, convencida de que el privilegio existía, pero no era para mí. Sabía de ti, pero no me atrevía a llamarte "Padre", como lo hacían otros; para mí, eras alguien a quien se le rezaba, sin tener la certeza de que me escucharas. 

Finalmente, en aquel noviembre de 2008, logré vaciar el alma y poner en palabras todo lo que guardé durante tanto tiempo. Volví a hacerlo en febrero y en noviembre del año siguiente; seguía sin estar segura de que me oyeras. Sin embargo, tú siempre estabas conmigo. 

Los años pueden borrar de mi mente lugares, rostros, pero sé que tu nombre jamás. Serás siempre lo primero que mencionaré cada mañana al despertar. 

En mis letras inmortalizaré mi admiración y mi amor profundo por ti. Me enseñaste a vivir liviano, me das paz y me permites ver el milagro de estar viva. Eres la herencia más grandiosa de todos los tiempos. Ahora sé que puedo hablar contigo en cualquier momento. 

30/04/2026

miyomehabla.com

10:39 PM